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Benigni improvisa a Dante
El teatro, el crítico y el espectador
por Antonio Hernández Nieto   

El chiste es fácil. Tutto Dante de Benigni es un espectáculo dantesco. Dicho en un bar entre amigos hace reír. Es un juego de palabras irónico para un espectáculo tipo one-man-show en italiano, sin apenas subtítulos que permitan seguir el discurso del histriónico Benigni, en el que el exceso lo marca una actualidad de pacotilla, graciosilla, y un discurso en tono profesoral o de marisabidillo acerca de la obra a la que nos ha convocado. De las eternas chapuzas de Madrid, pues se representa dentro del programa de los Veranos de la Villa de esta ciudad, a las aventuras comicosexuales de Berlusconni. De la invención de la poesía moderna al uso al narrador en primera persona. Todo dicho con un apresuramiento que no impide que el espectáculo dure casi dos horas. 

En general, la propuesta no ha gustado a la crítica ni tampoco a algunos espectadores. Según estos, Benigni es un payaso, un clown, que debería evitar lo grueso, lo grosero y lo evidente para hacernos reír. Como clown tampoco tiene crédito para leer y explicar a su manera la Divina Comedia. Lo primero, la grosería, se considera antiguo e innecesario. Lo segundo, la pedantería, lo convierte en pretencioso y aburrido. Ninguna de las dos cosas ha impedido que haya sido uno de los espectáculos de mayor éxito en Italia y, ahora, esté embarcado en una gira internacional en la que, a pesar del idioma y de que no se puedan subtitular sus improvisaciones, tenga todo el papel vendido. 

Sin embargo, al final del espectáculo, la gran mayoría de espectadores se levantan para aplaudir y reclaman varias veces la presencia del autor, director y actor, que son la misma persona, en el escenario. Y, ya que se trata de un escenario al aire libre, algunos esperarán para ver si le ven en los alrededores y pueden tomarle una foto o grabar un pequeño video con el móvil. Este grado de admiración es comprensible en un espectáculo sin escenografía ni apenas atrezzo, tan solo un atril, en que el ambiente lo crea el propio Benigni, apenas subrayado por la luz blanca que le acompaña en escena, un cielo que anochece sobre el Palacio de Oriente iluminado y una pantalla con los sobretítulos en rojo sobre fondo negro del Canto V del Infierno de Dante. 

Suda Benigni en el escenario. Hace un calor que los focos intensifican. Lanza tópicos sobre Madrid y sus sempiternas obras que impiden dormir más allá de las 7 de la mañana igual que impiden circular o andar por la ciudad. Habla, también, de una cena en la que por consejo tomó el típico cocido madrileño que acompañó de unos callos a la madrileña y remató con un carajillo. Habla de los políticos de Madrid y de su afán por oradar la ciudad. Y esa lujuria penetradora les une a la muy conocida de Berlusconni, el presidente italiano que tanto está haciendo por incorporar el término velina al lenguaje mundial con un nuevo significado. Un creador de patria y nación que ha conseguido (des)integrar a los nacionalismos periféricos o regionales italianos. 

Frente a ellos la lujuria de Dante. Que escribió en la lengua del vulgo un poema dedicado a su amada y creó una nación lingüística, cultural, antes de que se convirtiese en una nación política. Que hizo protagonista de su historia al hombre común que él era, a cualquiera, porque cualquiera se puede enamorar y por ese amor ser capaz de bajar a los infiernos. Y al Infierno bajamos con Benigni, con Dante y con Virgilio. Y gana la palabra, su sonido, el corazón del espectador y, a través de él, su entendimiento, “A vizio di lussuria fu sí rotta, / che libito fe’ licito in sua legge / per tòrre il biasmo in che era condotta.” (“Presa de la lujuria, ha confundido / la libido y lo lícito en su ley / por huir del reproche merecido.”, La Divina Comedia, Dante Alighieri, traducción Ángel Crespo, Editorial Seix Barral, Barcelona, 2004). Y, entonces, la voz de un cómico y la poesía de un poeta, hacen caer a quien le escucha como cae un cuerpo inanimado ([…] como corpo morto cade […]) en la intención y la sabiduría de un clown que se apiada ([…] sí che di pietade […]) de aquellos lujuriosos cualquieras de los que se ha reído, y los condena al infierno, al hermoso y sonoro Infierno de Dante. 

No, uno no se puede dejar engañar por la anchura de la puerta, debe saber cómo entrar y a quién confía su alma. 

Enlaces relacionados:

Página oficial de Tutto Dante (en italiano)

Traducción del Canto V por Ángel Crespo-Revista Saltana (en español)

La Divina Comedia (en italiano)

Página oficial de los Veranos de la Villa 2009 de Madrid (en español)

 

 
 
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